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Bajo el Agua










Agua, en medio tuyo empiezan los primeros latidos de la vida.
En tu juego nos entretuviste días enteros de nuestra infancia.
Al principio con llanto, alitas y muchos “¡mamá!”
Luego con marco polo, la mancha, y la aventura del mar.
En tu profundidad no regalas el silencio perfecto, la paz.
En tus gotas, limpias tristezas, lavas la tierra, y la nutres para seguir su andar.
En tus burbujas se despliega una belleza sin par, toda una música, en un mudo cantar.
En ti nos permites movernos con libertad, abrir nuestros brazos y creer que podemos volar.
Te rompes con facilidad, nos envuelves en tu juego, y vuelves pronto a tu estado original.
A los ciegos, los empapas de realidad, transformando el miedo a lo invisible en un abrazo fraternal.
En cubitos, en lagos, arroyos, océanos, nubes o glacieres…nos rodeas por toda la tierra.
Cada forma que tomas es una oportunidad para contemplar.
Agua, en ti nació la vida. Te debemos cuidado y respeto.
El día que no estés, ¿cómo habremos de continuar?

Danza con lobos marinos

Nadando con lobos marinos en Puerto Madryn, Junio 2010.





Tormenta en Buenos Aires

Domingo 18 de abril de 2010, en Boulogne (San Isidro). Minutos después cayó un granizo muy fuerte, histórico, que provocó destrozos en cientos de autos y casas. Entre ellos destruyó los vidrios de mi auto..





Homenaje al agua



Ver Nota completa publicada en la Revista Tigris de marzo 2010.

Cataratas de inmensidad












Perpetuas avalanchas de fuerza y grandeza.
Perpetuo recuerdo de la infinidad del tiempo. De la ancianidad y de sabiduría de la naturaleza. Hoy, como ayer y como hace miles de años, el agua sigue cayendo. ¿De dónde? ¿Cómo es que no se acaba? Sólo Dios sabe.

Pasan los minutos y los días y el agua sigue rompiendo contra las rocas.
Cataratas...
Libertad explosiva que no se deja atrapar y supera toda piedra que se aparezca en el camino, haciendo de cada una, una nota más de esa misma melodía que tantos arroyos y cascadas venían tarareando, pero que ahora han hecho concierto.

Como la música, mientras el agua se precipita, también asciende, y sus nubes de gotas empapan de admiración y grandeza. Una grandeza blanca que no necesita de oro de ni piedras preciosas, sino que está hecha de lo que más sobra en la tierra: agua.

Y de pronto, ¿acaso trae el viento una nostalgia? ¿Porqué me siento tan hermana? Mi sangre también es catarata. Mi alma se infla del gozo y ansía esa misma libertad.

Así como un recién nacido es capaz de reconocer el canto de su madre, por haberla escuchado desde su seno, yo reconozco el susurro de Dios.

No. No es una nostalgia cualquiera. Me gusta creer que es una nostalgia del cielo. Del que venimos y para el que estamos hechos.

La frescura y divinidad de las cataratas se esparse en cada salto. Atesora verdades que sólo se dejan encontrar a aquellos que hacen silencio y se sientan a contemplar. Inmortal, permanece allí donde siempre estuvo, escondida y cautiva, en el corazón de una selva.

Renovadoras del espiritu, limpiadoras de toda vana preocupación temporal y mundana, ¡cómo agradezco que nuestra Argentina tenga estas cataratas!

¡Y pensar que son resultado de una "falla geológica" en la naturaleza!

María Mullen
Iguazú, Misiones - Argentina ( Marzo 2008)

El día que nevó en Buenos Aires


















El 9 de julio de 2009, luego de 89 años, volvió a nevar en Buenos Aires. Por una noche mis calles se durmieron bajo la suave caída de esas gotas de algodón blanco. Eran tantos los que ya no creían ver la nieve en vida y fueron sorprendidos, tantos vigilantes asombrados como niños detrás de sus garitas, tantos autos que daban vueltas con cámaras de fotos. Todo parecía tan ajeno, y tan cotidiano al mismo tiempo. Hastas los perros ladraban a aquello que caía del cielo. Hasta la gente se miraba extrañada, nos unía a todos el mismo sentimiento de asombro y felicidad, como nunca antes.


¿Quién sabe cuántos años pasarán hasta que se repita? ¡Y pensar que hacía sólo dos nocheshabía soñado ver mi ciudad como aquella postal blanca de los años 20!


Milagros del cielo, ternuras del Padre, imposibles que se hacen posibles. Lo que nunca creí ver más que en sueños, se hizo realidad. En estas fotos, mi crónica del Día que nevó en San Isidro.