Bajo el Agua










Agua, en medio tuyo empiezan los primeros latidos de la vida.
En tu juego nos entretuviste días enteros de nuestra infancia.
Al principio con llanto, alitas y muchos “¡mamá!”
Luego con marco polo, la mancha, y la aventura del mar.
En tu profundidad no regalas el silencio perfecto, la paz.
En tus gotas, limpias tristezas, lavas la tierra, y la nutres para seguir su andar.
En tus burbujas se despliega una belleza sin par, toda una música, en un mudo cantar.
En ti nos permites movernos con libertad, abrir nuestros brazos y creer que podemos volar.
Te rompes con facilidad, nos envuelves en tu juego, y vuelves pronto a tu estado original.
A los ciegos, los empapas de realidad, transformando el miedo a lo invisible en un abrazo fraternal.
En cubitos, en lagos, arroyos, océanos, nubes o glacieres…nos rodeas por toda la tierra.
Cada forma que tomas es una oportunidad para contemplar.
Agua, en ti nació la vida. Te debemos cuidado y respeto.
El día que no estés, ¿cómo habremos de continuar?

Malacate

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El sol se fue, pero el día no acaba. Todavía está tibia la tierra, todavía se divierten en el cielo los colores, manchando las nubes con amarillos que se vuelven rojos, rojos que se vuelven violetas, violetas que se vuelven azules profundos. En este paraíso de apenas unos minutos, todo se ve diferente. Inmenso. Sagrado. Y en ese momento, sin permiso, un caballo se acerca y pide una caricia...

El mundo desde una hamaca

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Amiga de la infancia, de esas tardes de siesta en el campo, de momentos de serena soledad y reflexiones de niña. En tu ir y venir, me peinabas con el viento y, cuando tomábamos velocidad, me dabas ganas de volar. Llenabas el espíritu con una fuerza nueva y un afán de querer ir cada vez más alto. A veces, enroscando tus cadenas varias veces, me diste vueltas y vueltas, mareándome en carcajadas, pintando mis ojos con manchas de colores como pinturas impresionistas. Otras veces, me paré sobre tu madera y me creí grande. Otras veces, simplemente me senté a arrastrar perezosamente el polvo debajo tuyo; en cada pasada más sucias las zapatillas, más desatados los cordones. No te sostenía mucho rato, porque las cadenas hacían doler las manos, en aquellos tiempos tan chiquitas.
Hamaca de infancia, hace poco nos volvimos a encontrar. En vez de seis o siete, tenía veintiseis. Pero con mi cámara te recorrí para homenajearte. Tan quieta y mansa es tu apariencia, sin embargo, fuiste la primera gran aventura.

María Mullen

Cande

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Fotos de mi sobrina, Candelaria Urquiza Mullen, de un año. Una princesita.

Alfredo, maestro de fotografía

Una tarde fui al taller San José (de la Fundación EL ARCA), en Boulogne, para sacar fotos a las personas con discapacidad mental que trabajan allí. Alfredo era uno de ellos. Con muy poca capacidad de prestar atención a las indicaciones. Empecé a sacar fotos y fotos... cuando me di cuenta que Alfredo estaba imitándome. Su lente era un rollo de hilo, un cilindro. En medio de la risa de todos, empecé a sacarle fotos a "Alfredo el fotógrafo". Él buscaba el mejor ángulo, la mejor luz... se agachaba y escondía igual que yo en busca de la mejor foto. Hasta que quise ver cómo veía él a través de SU cámara... Puse el rollo de hilo frente a mi lente y empecé a mirar como él. La vida dejó de ser el rectángulo cerrado de mi cámara, para transformarse en un círculo que realzaba exactamente lo que uno quería de cada foto. ¡La vida se veía mucho mejor con su lente, con su círculo! Ahí recordé a la artista que decía que Dios no hizo nada cuadrado en la tierra. El hombre sí.
Esa tarde se convirtió en una fiesta de creatividad y saqué miles de fotos...
Alfredo, en su discapacidad, en su simpleza, en su risa, me mostró un mundo nuevo. Cambió mi mirada estructurada, me hizo volver a sorprenderme de lo cotidiano. Fue un pequeño Dios.









Danza con lobos marinos

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Nadando con lobos marinos en Puerto Madryn, Junio 2010.